domingo, 6 de mayo de 2007

la primera vez que lo viste dijiste que te habías enamorado y empezaste a buscar maneras de acercarte. a los cinco mil segundos de que te habías dado cuenta de que era imposible, decidiste sólo contemplarlo y disfrutar de todo lo que te gustaba de él y además de las cosas que hacía para todos, y entendiste enseguida que aquello no había sido amor (capaz que sí) y que lo que más te había llamado la atención, era la facilidad que mostraba en la actividad de traducir lo de adentro en canciones. cosa difícil para alguien de tan corta edad y de experiencias tan dispares como eras vos. habitante de mundos inconmensurablemente fieles a todo lo que te hacía feliz, y en el medio de una crisis de fé y de amor en la que sólo a vos te gustaba sumirte. en definitiva, lo que te gustaba era lo que te hacía falta, pero tenías una herramienta peculiar con la que podías entenderlo todo igual que él, de la misma forma y en el mismo tiempo, y soñabas en un mundo posible y compartido, esta vez en posiciones diferentes ambos, más de igual a igual tal vez. querías hablarle y no podías.
para la segunda vez que lo viste, porque no era que se vieran, vos lo veías y él no sabía de tu existencia, fuiste menos expresiva en vez de llorar y sacarle una foto, decidiste intentar hacer el quiebre entre la persona y el artista (claro que se trataba de un artista) pero te seguiste enamorando, ya no de él y sí de su suerte. te acercaste una vez para hablarle y no lo hiciste, pero encontraste un alter que no era él, pero que era muy cercano y le dijiste todas las palabras que tenías en la cabeza. no eras consciente de nada y todos se reían de lo que hablabas, pero en definitiva estabas drogada. nunca te importó y que no te importa (es mentira).




1 comentario:

magdalena dijo...

recién al leer esto empiezo a entender mejor lo que te pasó.